Agua en el cuerpo humano

Porcentaje de agua en el cuerpo humano

Nuestro cuerpo está compuesto en gran parte por agua.

Nuestro cuerpo está compuesto en grandísima parte por agua. Todos los organismos dependen del agua, y la contienen en partes elevadas. Podemos decir, sin duda, que sin agua no hay vida, pero es igual de cierto que la calidad de vida depende de la calidad del agua ingerida.

¿CUÁNTA AGUA HAY EN NUESTRO CUERPO?

El agua presente en el ser humano varía según la edad, la complexión, y el tipo de alimentación de cada uno. Además, los órganos y los tejidos son hidratados de manera diferente los unos y los otros. De jóvenes contenemos mucha más agua, sobre todo en los tejidos blandos, en la piel, en los tejidos conectivos y subcutáneos. Creciendo la tenencia de agua se reduce paulatinamente desde un 75% de un niño a casi el 50% en la tercera edad.

Esto resulta bastante evidente: en los adultos y en las personas mayores la piel se presenta más seca y menos elástica, los tejidos están menos lisos y tensados, y la marca de la presión del pulgar en la piel se queda visible más tiempo. Se determina muy fácilmente la edad biológica de la piel de todo el organismo por su nivel de hidratación. También los huesos contienen agua, si bien en una medida mucho inferior respecto a los tejidos blandos. El 40% -50% de nuestra agua corporal se encuentra dentro de las células y constituye lo que se llama el líquido intracelular. El restante 20% se halla en los intersticios entre las células: es el líquido extracelular.

La distinción es significativa, ya que la composición de los iones disueltos es distinta. La diferencia está en la abundancia de potasio en el entorno intracelular y de sodio en el extracelular. El justo equilibrio entre ellos es indispensable para la vida y el correcto desarrollo de las funciones metabólicas.
El agua es por naturaleza un disolvente. Ella tiene la función de disolver y transportar los principios nutritivos en todas las células, promover la digestión, garantizar la termorregulación (mediante la sudoración, incluso imperceptible), y transportar los residuos fuera de nuestro organismo mediante los órganos emuntorios y excretores.

El agua desempeña además una cierta función de amortiguador de los órganos más delicados, como ojo, oído interno, y cerebro. Todos ellos contienen mucha agua, o están rodeados por agua, o están colocados encima de un cojinete de agua. Quizás las funciones vitales, arriba mencionadas, ni siquiera representan la totalidad de las que tiene el agua, habiendo otras muy importantes, pero semidesconocidas: la de servir de antena y transmisor de información, o la de ejercer de almacén de memoria, o de batería para recargar nuestras energías vitales. En resumen, el agua que bebemos no sólo nos quita la sed y nos refresca, sino que lleva a cabo toda una serie de funciones insustituibles, y de alguna manera aún desconocidas.

LA COMPOSICIÓN DEL AGUA

El agua es representada por la fórmula química H2O, es decir está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Sin embargo, sabemos muy bien que el agua dulce que se halla en la tierra (pozos, ríos, manantiales, lagos, etc.) no se compone solamente de moléculas puras de este tipo, ya que en ellas están disueltas muchas sales minerales, metales pesados, sustancias contaminantes en general, hidrocarburos, además de formas de vida como bacterias y micro-organismos.
Esto se debe al hecho de que el agua, durante su ciclo natural, entra en contacto con rocas, plantas, animales, terrenos contaminados, ondas electromagnéticas, sustancias radioactivas, etc.
Si se busca agua pura habrá que tener en cuenta todos estos factores, sin olvidar que cuantos menos componentes indeseados se hallen en ella, mejor será la calidad de la misma.

ANÁLISIS

Para encontrar agua de la más pura sería oportuno entonces llevar a cabo los siguientes análisis:

a) microbiológico, para determinar la presencia de bacterias, virus, y hongos;
b) orgánico para determinar la presencia de herbicidas, insecticidas, etc. (procedentes por la mayor parte de la agricultura);
c) químico-físico, para determinar las sustancias inorgánicas y los metales pesados;
d) radioactivo;
e) energético-bioelectrónico, para determinar la cuantificación energética.

Por lo general, podríamos afirmar que cuanto más bajos son los valores obtenidos, más elevada será la calidad del agua examinada. Hay que precisar además que el agua sana sólo puede ser la natural de fuente, y no la tratada. La extracción química o física de elementos contaminantes no purifica el agua, ya que la información negativa de esos componentes se queda igualmente grabada en ella.
Las aguas tratadas además pierden su fuerza vital original de manantial, que es uno de los componentes principales en la valoración de la calidad de la misma. El concepto de agua como H2O pura es, por tanto, una ilusión a causa de las distintas sustancias microbiológicas o químicas en ella contenidas.
Con cada sorbo de agua, además de los átomos de oxígeno e hidrógeno introducimos varias sustancias químicas y minerales que sólo en algunos casos raros pueden servir como sustancias nutritivas. En la mayor parte de los casos, estos elementos actúan en el organismo como estímulos que provocan reacciones, por lo que cuando las sustancias no pueden ser descontaminadas dentro del organismo y expulsadas, pueden aparecer patologías, como la gota, los cálculos renales, el envejecimiento precoz, la arterioesclerosis, las calcificaciones articulares, etc.

Agua, el principal componente del cuerpo humano

Como mencionamos anteriormente, el cuerpo humano está como “sumergido” en agua, desde una pequeña célula hasta el organismo entero.


El cuerpo de una persona adulta, donde el agua cubre el 65%, contiene 40-50 litros. El porcentaje más alto se encuentra en el blastocito, presente justo después de la fecundación (90% en agua), luego en el embrión (85%), y más tarde en el recién nacido (del 75 al 85%). En una persona de cuarenta años el porcentaje de agua recubre el 60%- 70%.

A causa de la reducida capacidad de clasificación de los impulsos sensoriales, disminuye también la sensación de sed en edad avanzada. Esto puede provocar una cierta deshidratación, en cuanto que la actividad celular se ralentiza por la escasa aportación de agua. Si el contenido de agua en la célula baja del 50%, los procesos vitales se paralizan, a menudo incluso de manera irreversible. Paralelamente, a causa de la ingesta insuficiente de agua, las sustancias tóxicas son expulsadas sólo parcialmente, y esto, en edad avanzada, suele provocar el aumento de la presión de los azúcares y del colesterol en los vasos, que se vuelven menos elásticos.

Es fácil entonces intuir la importancia del agua, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, para un correcto funcionamiento del organismo humano.
Un hombre, a lo largo de su vida, bebe casi 25.000 litros de agua para preservar sus funciones biológicas y sus estructuras orgánicas.

Todos los sistemas orgánicos están en contacto con el agua:
- circulatorio
- urogenital
- respiratorio
- digestivo
- nervioso
- sensorial

Cada uno de ellos depende de alguna manera del agua, al igual que cada tejido, así como cada célula es agua-dependiente.
Los líquidos corporales más acuosos son: el líquido cerebral y la médula ósea (con el 99%), el plasma sanguíneo (con el 85%), y el cerebro (con el 75%).
Otros datos a destacar son: la leche materna con el 87%, los riñones con el 83%, y el corazón con el 79%.
Estos valores deberían ser suficientes para convencernos de la importancia que tiene para nuestra salud beber agua pura y libre de sustancias tóxicas.